Una calle estrecha para dos no puede cruzarse acompañado.
Se deduce engaño.
Respiras sin espacio,
sin lágrimas para ofrecer a una noche desconocida.
La caída del agua sobre nuestras cabezas desnudas
y los resbaladizos adoquines se adormecen;
adormecen nuestros pies, enriquece el humo del cigarro
y de tu beso en mi espalda.
Labios mojados sobre prendas empapadas.
Miro al frente y mis ojos ven humo sobre mis párpados,
ventanas entreabiertas por el frío buscando un derecho sin hecho,
acompañado de la letra desnuda sobre la voz, tu pelo.
Asiento a la búsqueda de tu cintura.
Acaricio tu oreja en busca de un susurro
salido desde tu interior más profundo.
El cigarro yace en el suelo y soberbio se apaga.
Cada chapoteo dado en este baile que nos cala,
nos acerca a la dura caída de nuestras cabezas;
una calle estrecha para dos, una pared mojada para ti primero,
para mí después;
Y finalmente, un beso sobre el que caer cuando una calle estrecha,
se deja seducir por los derrelictos de la lluvia.
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