El viajero de sombrero ancho,
de vaso hondo y mirada turbia.
Pasos de gigante, huellas de titán
y poderoso semblante que acuña
suspiros por cada paso que da.
Hunde el vaso en un río bravo.
Bebe de él -no del vaso, sino del río- y lo hace suyo.
Aprovecha la lluvia y el amor de una dama
que solo le escucha hablar sobre un hondo vaso
y un río peligroso acostado en el suelo raso.
No le preocupa el viaje al viajero.
Solo escucha el tren del próximo trayecto llegar,
vuelta a lo mismo y un candil se apaga en un vagón vacío.
Aún guarda un poco de ese río.
Guarda un poco de cada río que ha visto y saboreado.
Ríos que ha hecho suyos... solo por si acaso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario