allí escuchando la fuente
a lo lejos.
Llegó el señor de Plasencia.
Esta vez me pidió tabaco de liar,
ya convenimos que no me pidiera industriales
porque esencialmente son mejores.
Creo que tengo una ligera obsesión con el humo, el tabaco...no hay otra manera.
La otra es disfrazar al placentino hasta que sea Duque de Riversville. ¿Ves? es fácil.
Lo difícil comienza cuando a tragos profesionales se pimpló
unas tres latas en quince minutos.
Esta vez me pidió tabaco de liar. Por supuesto le dí.
Cuando subo la mirada, se ha levantado de su banco.
Viene hacia a mí.
- Toma, muchacho.
Veo como arrastra sus deportivas a diez euros con pesadez hasta que me alcanza.
-Hombre, no hacía falta- sonrío levemente, no hace falta más.
Le dije un gracias y le dí cinco industriales, a la mierda el de liar.
Pienso abrir esto nada más publique este poema. Un saludo para los placentinos del mundo. Salute.

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