El sonido doloroso del viento
que perfuma con besos tu olvido,
anuda a mi cuello somnoliento,
penas y pensamientos prohibidos.
Dichas penas me dejan sin aliento.
Dichos pensamientos están sumidos
en una vorágine de sentimientos,
ahogando mi corazón herido.
Corazón que renace con más vida
de este sonido que ya no duele.
Estoy libre de ese viento tirano,
estoy libre de la pena obtenida,
libre para que mi cabeza vuele
por barrancos cercanos a su mano.
Escritos.Poesías. "Para enmendar una indiferencia natural, me situaron a media distancia entre la miseria y el Sol." Albert Camus.
miércoles, 28 de enero de 2015
domingo, 25 de enero de 2015
Derrelictos de la lluvia y una calle estrecha (en colaboración con Gonzalo Mariñas)
Una calle estrecha para dos no puede cruzarse acompañado.
Se deduce engaño.
Respiras sin espacio,
sin lágrimas para ofrecer a una noche desconocida.
La caída del agua sobre nuestras cabezas desnudas
y los resbaladizos adoquines se adormecen;
adormecen nuestros pies, enriquece el humo del cigarro
y de tu beso en mi espalda.
Labios mojados sobre prendas empapadas.
Miro al frente y mis ojos ven humo sobre mis párpados,
ventanas entreabiertas por el frío buscando un derecho sin hecho,
acompañado de la letra desnuda sobre la voz, tu pelo.
Asiento a la búsqueda de tu cintura.
Acaricio tu oreja en busca de un susurro
salido desde tu interior más profundo.
El cigarro yace en el suelo y soberbio se apaga.
Cada chapoteo dado en este baile que nos cala,
nos acerca a la dura caída de nuestras cabezas;
una calle estrecha para dos, una pared mojada para ti primero,
para mí después;
Y finalmente, un beso sobre el que caer cuando una calle estrecha,
se deja seducir por los derrelictos de la lluvia.
Se deduce engaño.
Respiras sin espacio,
sin lágrimas para ofrecer a una noche desconocida.
La caída del agua sobre nuestras cabezas desnudas
y los resbaladizos adoquines se adormecen;
adormecen nuestros pies, enriquece el humo del cigarro
y de tu beso en mi espalda.
Labios mojados sobre prendas empapadas.
Miro al frente y mis ojos ven humo sobre mis párpados,
ventanas entreabiertas por el frío buscando un derecho sin hecho,
acompañado de la letra desnuda sobre la voz, tu pelo.
Asiento a la búsqueda de tu cintura.
Acaricio tu oreja en busca de un susurro
salido desde tu interior más profundo.
El cigarro yace en el suelo y soberbio se apaga.
Cada chapoteo dado en este baile que nos cala,
nos acerca a la dura caída de nuestras cabezas;
una calle estrecha para dos, una pared mojada para ti primero,
para mí después;
Y finalmente, un beso sobre el que caer cuando una calle estrecha,
se deja seducir por los derrelictos de la lluvia.
jueves, 22 de enero de 2015
Foto hecha a contraluz.
Mirando fijamente, sin ver su mirada.
Su luz vislumbra mis hombros victoriosos.
Ganador de la guerra iluminada. Nada.
Ceguera improvisada bajo la lente eterna.
Silueta abstracta enamorada y lenta.
Vista agudizada y temor del que ignora
tabaleando imágenes en la memoria.
Visión que engaña y distorsiona,
que cambia la guadaña por luna creciente.
Visión engañada y memoria que abandona.
Con la luz a mi espalda veo un camino
pero ellos no ven al penitente;
ven la silueta amenazante
y rehuyen el amor del desconocido.
Camino de espaldas o hacia tu morada.
Crees que es acero o luna quebrada.
No lo sabes porque no ves mi mirada,
ni yo lo sé porque no sé nada.
Su luz vislumbra mis hombros victoriosos.
Ganador de la guerra iluminada. Nada.
Ceguera improvisada bajo la lente eterna.
Silueta abstracta enamorada y lenta.
Vista agudizada y temor del que ignora
tabaleando imágenes en la memoria.
Visión que engaña y distorsiona,
que cambia la guadaña por luna creciente.
Visión engañada y memoria que abandona.
Con la luz a mi espalda veo un camino
pero ellos no ven al penitente;
ven la silueta amenazante
y rehuyen el amor del desconocido.
Camino de espaldas o hacia tu morada.
Crees que es acero o luna quebrada.
No lo sabes porque no ves mi mirada,
ni yo lo sé porque no sé nada.
domingo, 4 de enero de 2015
Soneto III.
Por allá va aquel hombre caminando
que marcha soñando por ser soñador.
Halló tristeza y se cree explorador.
Intentó amar y amó escapando.
Escapó por aquello que va odiando.
Escapó de aquello que siente horror.
Él camina para sentirse mejor
pues al andar recuerda olvidando.
El hombre camina eternamente
como todo humano debe caminar.
Encontró lo que nunca encontraba;
dos mil caricias dadas dulcemente,
dos mil dulces besos a los que amar
y el recuerdo por el que caminaba.
que marcha soñando por ser soñador.
Halló tristeza y se cree explorador.
Intentó amar y amó escapando.
Escapó por aquello que va odiando.
Escapó de aquello que siente horror.
Él camina para sentirse mejor
pues al andar recuerda olvidando.
El hombre camina eternamente
como todo humano debe caminar.
Encontró lo que nunca encontraba;
dos mil caricias dadas dulcemente,
dos mil dulces besos a los que amar
y el recuerdo por el que caminaba.
martes, 30 de diciembre de 2014
Rey de tu espalda.
Canción vertebrada y cobijo de tu sonrisa
que al llamarte de noche llegas por la mañana.
¡Ahí estás como escondida bajo el manto de estrellas que tú elijas!
Cada día una constelación más bonita, más apropiada.
Cortina casi amarilla que cae en cascada y resguarda tu canción.
Reino que da paso a lo que esconde cada estrofa que yo mismo entono;
yo mismo escribo la letra que usaré con tu cuello. Me proclamo corazón.
Me proclamas guardián y señor de la retaguardia esculpida por cincel fino.
Bailaré la nube que elijas. Cortesano de la tierra que un día labraron dioses.
Heredo algo más que una canción, heredo una sinfonía.
¡Cuántas hojas cuelgan de tu cortina!
¡Cuántas constelaciones me quedan por besar!
Cada beso una estrella que procura ser encontrada.
Entre lunas y lunares. Entre hilos de esmeralda.
Fui Príncipe de la desdicha.
Ahora Rey de tu espalda.
que al llamarte de noche llegas por la mañana.
¡Ahí estás como escondida bajo el manto de estrellas que tú elijas!
Cada día una constelación más bonita, más apropiada.
Cortina casi amarilla que cae en cascada y resguarda tu canción.
Reino que da paso a lo que esconde cada estrofa que yo mismo entono;
yo mismo escribo la letra que usaré con tu cuello. Me proclamo corazón.
Me proclamas guardián y señor de la retaguardia esculpida por cincel fino.
Bailaré la nube que elijas. Cortesano de la tierra que un día labraron dioses.
Heredo algo más que una canción, heredo una sinfonía.
¡Cuántas hojas cuelgan de tu cortina!
¡Cuántas constelaciones me quedan por besar!
Cada beso una estrella que procura ser encontrada.
Entre lunas y lunares. Entre hilos de esmeralda.
Fui Príncipe de la desdicha.
Ahora Rey de tu espalda.
Las dolientes.
Se esconden vidas y cenefas bajo estas, que iracundas vuelan por encima de sus cabezas.
Iracundas y adornadas con esas flores que tanto gustan y que poco acompañan; visitan el cielo , quiebran huesos y determinan lágrimas.
El pie que camina recto junto a ellas, se ve manchado por el color nervioso de su azulejo bello y estrecho. Junto a la pared que lastima aquello que sujeta, aquello que cuelga de los clavos. Los clavos ríen joviales tras la migraña del clavo que los sujeta, el clavo que no habla pero que se queja vivamente del peso que alberga.
Una mano limpia, una condena súbita entre cemento y ladrillo. Un conjuro autoritario que une la cenefa al cuadro y al clavo, hundidos en la misma pared. Arsenal de vida cocida, deslumbrada por la pintura, deslumbrada por manchas de niños y mayores.
Testigo del tiempo. Testigo del amor que se consuma apasionadamente. A vista de pájaro o a vista de cucaracha. Cobijo de recuerdos que es mejor no rememorar. Apoyo de pianos y de camas olvidadas durante el día y soñadas por la noche. Soñadas por el durmiente o el amante. Cuadros joviales, cenefas y rosas, clavo...
El pie recto y la mano limpia... bajo la mirada del tiempo.
Iracundas y adornadas con esas flores que tanto gustan y que poco acompañan; visitan el cielo , quiebran huesos y determinan lágrimas.
El pie que camina recto junto a ellas, se ve manchado por el color nervioso de su azulejo bello y estrecho. Junto a la pared que lastima aquello que sujeta, aquello que cuelga de los clavos. Los clavos ríen joviales tras la migraña del clavo que los sujeta, el clavo que no habla pero que se queja vivamente del peso que alberga.
Una mano limpia, una condena súbita entre cemento y ladrillo. Un conjuro autoritario que une la cenefa al cuadro y al clavo, hundidos en la misma pared. Arsenal de vida cocida, deslumbrada por la pintura, deslumbrada por manchas de niños y mayores.
Testigo del tiempo. Testigo del amor que se consuma apasionadamente. A vista de pájaro o a vista de cucaracha. Cobijo de recuerdos que es mejor no rememorar. Apoyo de pianos y de camas olvidadas durante el día y soñadas por la noche. Soñadas por el durmiente o el amante. Cuadros joviales, cenefas y rosas, clavo...
El pie recto y la mano limpia... bajo la mirada del tiempo.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Outro VII. (Adelanto de "Rimas y Outros")
Morimos en las palabras y ventilamos corazones. Un estado emocional que define mi suelo y puede palpar el aire del horizonte desde esa página escrita a fuego en la retina. Me vuelve loco la idea de pensar en el olvido del qué será o del qué fue.
Si me miro en el espejo aún me pongo nervioso y vuelvo a soplar la silueta de tus mejillas; un beso sería la condena.
Los años pasan para los soñadores y las horas pasan tras el amor fallido o el beso errado.
Maldigo el mundo en el que vivo.
Si me miro en el espejo aún me pongo nervioso y vuelvo a soplar la silueta de tus mejillas; un beso sería la condena.
Los años pasan para los soñadores y las horas pasan tras el amor fallido o el beso errado.
Maldigo el mundo en el que vivo.
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