He arrancado muchos papeles, los he arrojado lejos y ninguno me ha sido
devuelto. Papeles que contenían grandes
epopeyas sobre algo que yo valoraba y que tan pronto como vino, se fue. Todas
las razones encriptadas de cada trazo se adhieren como sucias sanguijuelas en
un río vacío. Un río con cada vez menos agua. Pienso en esto casi a todas
horas.
Mi mente navega rápida pero mi cuerpo permanece estático. En ocasiones,
una vez entra la madrugada por la ventana,
mi mente ha ido tan rápido que se ha vuelto anciana. Piensa con más
claridad y nostalgia. Mi cuerpo solo fuma otro cigarro, reproduce esa canción
de nuevo o se regodea del descanso. Es mi cuerpo el que arranca los papeles y
los arroja lejos. Mi mente ordena que lo haga porque en la noche es vetusta y
cree que ha sido suficiente por hoy; que mañana volveremos a nacer con todo lo
inevitable del día anterior. Yo quedo fuera de todo esto ya que ambas cosas
sufren por mi culpa. Que por mi culpa una muere cada noche y la otra parece no
entender la muerte. Luego sueño pesadillas y al despertar, mi cuerpo y mi mente
me han castigado. A la mente por matarla la noche anterior y al cuerpo por
maltratarlo con placeres inútiles. Por aquel recuerdo que sobraba; por aquel
cigarro de más.
Todo esto no me vale de nada porque no soy dueño de los acontecimientos. Todo esto no vale de nada porque soy enamoradizo. Encarno lo peor que una persona puede llegar a ser para sí.
Pero soy enamoradizo. Me enamoro de aquel río rosado; de aquel puente de
hierro; de aquella mujer que me hizo feliz; de aquel hombre que escribía
aquello de “Bendito el corazón que se
puede doblar porque nunca se romperá”. Me enamoro de todo menos de mí.
Por miedo a no querer nada, no me quiero a mí. Tengo miedo a mis ángeles.
Tengo miedo a mis cárceles. He amado y me he sentido amado. Sé que me han
querido y sé lo que quiero.
Pero de nada sirve si cada noche mi mente se vuelve anciana y nostálgica.
De nada sirve si mi cuerpo sufre por la muerte de mi mente. Mi cuerpo es mío.
De eso estoy seguro.
Y es por eso por lo que no estoy enamorado ni de una cosa ni de la otra…
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