Que los cuidados angostos siembren en la finura de tu esbeltez tal
dominio, que las fauces más feroces sean incapaces de hincar el diente. La
pobreza del alma precede a la pobreza que engendra dioses. Esos que rigen
nuestras vidas incluso cuando dormimos. Aquellos que beben nuestras lágrimas y
las vomitan como esputos sobre nuestros rostros.
Ahora que el control de aquellos cuidados que te atormentan la cara ha
llegado a su fin; da la bienvenida a un nuevo mundo donde platicar contigo se
torne algo irrespetuoso y malicioso.
¡Veremos a ver cuánto tardas en hacer bajar a los dioses a por tus
lágrimas! La predisposición es la misma. Pienso que cada palabra es media
lágrima o una lágrima dulce.
Llamémoslos pues y que nos dejen secos y marchitos. Porque es eso lo que
estás consiguiendo. No vamos a ningún sitio ya que el maldito camino está
inundado.
La pobreza del alma precede a la pobreza que engendra dioses.
Y tú has conseguido que los dioses hayan muerto ahogados…
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