En dos pasos intermedios, llegó el culmen del cansancio.
Acoplado entre tus cejas y mi incredulidad.
El universo pasa por baldosa muy pesada,
uniendo un par de caras cansadas que se devuelven a mirar,
dando por hecho un sufrimiento debajo de los ojos.
El latente comienza en su nombre, se desborda
por los costados, pero la cara, cansada y harta
de sopesar paisajes nunca eternos, porque todo lo es, no eterno,
se lanza a observar otra cosa más fortuita, menos interesante.
Ahora sólo hay ecos de otras galaxias, llegan distorsionadas,
datos brutos inaudibles, imaginaciones superfundadas.
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