domingo, 17 de mayo de 2020

Aún vive aquí dentro.



by:Andrea Galvani

Hay que tener cuidado con esas bases de columnas
escupiendo niebla densa sobre la cama, el circo.
Tallando lencería fina para pocos extractos de pesos ya lejanos.
Dejo por dejar algo y que pese, choque a reventar. Habladurías cercanas al alba;
otra vez las farolas,
guarniciones extrañas coincidentes con mis lágrimas,
dispuestas siempre en lo alto de las columnas,
la niebla, hogar reminiscente de cenizas que ensucian la colcha.

Queda esto; otra vez el poeta de pacotilla que no se resiste a su paloma.
Disparé las sinestesias en la puerta de los dedos, rozando el quicio de las uñas, que podridas se desprenden de la columna, la cama, las sábanas.
Mordisqueé con afán de sacarme el trozo de saliva que se quedó ahí al besarte.

Con el paso de los párrafos llegan los besos pequeñitos, la salita,
la frentita, los labios menudos, la pierna encogida, el ombligo como retraído, pausando porque hay que hacerlo y esos quehaceres del pequeño mundo hay que guardarlos.

Se disiparon las columnas, por fin, la niebla era fuego;
las farolas,
esas que dieron paso a una luna transparente, hacia el Sol inevitable, las vidas invisibles siempre latentes.

Tú no estás, te fuiste, entraste, amé a otras sin problemas, arrancaste el invierno,
jugué con las sinestesias, como dije, y perdí,
ahora a reírse del poeta que te escribe.

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