jueves, 14 de noviembre de 2019

No hay últimas promesas.

El juego de las promesas y sus mentiras, una valentía tras palabras dichas a quién, no lo sé.
Yo no prometo mucho, lo justo para que me quieran.
He prometido, pero nunca en vano, siempre considerando que la mentira era mía.
Me duele saber que se me ha querido, y no poder corresponderlo en el tiempo, porque este es así, hacia delante imperturbable y casi siempre doloroso. He escrito que me gustaría saber muchas cosas que creo que sé, pero nadie me las confirma.
Y sí, la vida es dura y cosas así, pero me resisto a pensar que alguien deja de querer porque el tiempo es así, hacia delante, inexorablemente cansino.

A veces la música que suena es muy mala para mí cabeza. Un día intenté ponerla en radio La Barandilla, con dedicatoria a esta persona, pero no aceptaban bromas, y te tenían por la otra línea. Menos mal que lo cogieron.

Siento ser así de difícil, pero el tren y la estación se han quedado ahí, como pequeñas luces en el horizonte, mientras camino entre las viñas sin saber bien a dónde ir.
Miro hacia atrás pero ya queda lejos la estación y hay luces por delante, y gritos de una mujer que me llama, pero no sé qué pide, por eso tengo miedo.


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