sábado, 13 de febrero de 2016

La sociedad del cansancio. Parte 3.

 Vida contemplativa, aburrimiento y estímulos. Sujetos 
contemplativos y no contemplativos.  

En la sociedad del rendimiento, como su propio nombre indica, es necesario rendir y producir; estar continuamente en movimiento, en activo. El exceso de positividad resultante – que ya hemos visto que se traduce en negatividad – da pie a que la sociedad, y en consecuencia el sujeto, reciba y produzca un exceso de información y de estímulos que crea aún más actividad para el glosario informativo característico de los sujetos no contemplativos. Para estos sujetos no existe la posibilidad de contemplar la vida en sí. Sus actos están marcados por la rutina y la proyección de conseguir un estado de plenitud. Por lo tanto no hay tiempo para aburrirse.

“El exceso de positividad se manifiesta, asimismo, como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. Modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto, la percepción queda fragmentada y dispersa”. 

Han añade en este fragmento la “economía de la atención”. Esta economía de la atención fomenta de manera cuantitativa los estímulos y procede desde todas las áreas sociales. Desde los medios de comunicación, las redes sociales, a nivel gubernamental y a nivel particular. La sociedad del rendimiento y el cansancio aboga pues por una actividad continua que oprime la contemplación de lo que le rodea y se traduce en un auge de las redes sociales, las ingenierías, la anhelación de un trabajo bien remunerado, la sobreinformación…
Así pues, desde el ámbito académico también se fomenta a no contemplar sino a actuar, a producir. No hay lugar para el aburrimiento. Se necesita llegar a ese estado pleno en el que la vida del sujeto sea trabajo, dinero y consumo para así conseguir estabilidad y no caer en el fracaso. Esta auto-exigencia, Han la describe como un modo de supervivencia y no de vivencia plena:

“La preocupación por la buena vida, que implica también una convivencia exitosa, cede progresivamente a una preocupación por la supervivencia”.

Para escapar de esta sociedad es necesario contemplar y aburrirse. El aburrimiento total niega actividad práctica y deja tiempo al pensamiento y a la contemplación. La sociedad del rendimiento anula en gran parte el pensamiento crítico o lo deja en un sub-plano. El pensar y el contemplar no está en la rutina de un sujeto no contemplativo ya que “no tiene tiempo para ello”. Han apunta que para llegar a ser un sujeto contemplativo es necesario aburrirse:

“Si el sueño constituye el punto máximo de la relajación corporal, el aburrimiento corresponde al punto álgido de la relajación espiritual. La pura agitación no genera nada nuevo. Reproduce y acelera lo ya existente”.  

Es difícil definir al sujeto contemplativo ya que está inmerso y sigue formando parte de la sociedad cansada. Se dijo antes que el sujeto que contempla también está cansado aunque de distinta manera. Este cansancio no proviene de la frustración, sino de la impotencia. Este sujeto no encaja en aquello que le rodea. Sin duda, cabe apuntar que pertenece a aquello ámbitos o fragmentos donde el materialismo y la realización personal mediante los logros más directos y materiales no es lo que premia, es decir, pertenece a esferas ligadas a la intelectualidad. Su cansancio es consecuencia de la contemplación y de la inactividad al contemplar una sociedad cansada. Es consciente de las rutinas que rigen a los no contemplativos y las rechaza aunque en ocasiones tenga que compartirlas para poder subsistir. Se ve impotente ante los estímulos y la sobreinformación que recibe ya que es consciente de donde provienen y qué significan. En esencia, el sujeto contemplativo puede llegar a aburrirse y tiene como consecuencia la percepción de la sociedad en su conjunto y es este hecho el que le hace estar cansado, ya que su estado pleno ideal, proviene de la contemplación y no de la acción. No se espera – por parte de los sujetos no contemplativos, es decir, de la mayoría social – que estos sujetos contemplativos – los que no contemplan no reconocen en el sujeto que contempla dicha contemplación. Los toman como fracasados o inútiles ya que no rinden ni producen de la misma manera – que aquello que realicen en su ámbito, contenga algún rendimiento aprovechable para ellos ni para ellos mismo. Ni para los sujetos que contemplan ni para los que no contemplan.

Pondré como ejemplo el ámbito académico. No cabe duda que en este aspecto, los que contemplan son los más marginados ya que su rendimiento y cansancio difiere de los que no contemplan. Si traducimos los términos contemplar y no-contemplar quedaría como resultado – en este ámbito académico – pensar y actuar. La eterna lucha entre las letras y las ciencias nunca en la historia había estado tan desequilibrada en pos de la ciencia. Cabe apuntar que nos referimos a ciencias prácticas o ingenierías, ya que las ciencias teóricas también quedan marginadas debido a la contemplación que conllevan. Se menosprecia el poder contemplativo por su carácter aburrido o inservible. A mi ver, es en este campo donde más énfasis se debe aplicar debido a que es un ámbito educacional. Hoy en día el valor que suscitan las carreras contemplativas, quedan renegadas a su propio ámbito y quedan excluidas de los estímulos y de la información social. Si tenemos en cuenta que cuando nos referimos con estos términos al ámbito académico nos referimos a la educación del sujeto – que es algo primordial – es normal que vivamos en la sociedad que vivimos.

En definitiva, nos educan para proyectarnos a no-contemplar y a no aburrirse. Aquellos que puedan aburrirse y contemplar no tendrán cabida para los no contemplativos; serán tomados como fracasados. La comunidad que contempla es pues inservible para una sociedad activa.

“Sin relajación se pierde el “don de la escucha” y la “comunidad que escucha” desaparece. A esta se le opone diametralmente nuestra comunidad activa”.

Añadiré a esta cita de Byung Chul-Han otra que el propio coreano utiliza en su ensayo
del alemán Friedrich Nietzsche para cerrar este punto.

“Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época, se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntese, por tanto, entre las correcciones necesarias que deben hacérsele al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo”.

lunes, 1 de febrero de 2016

La sociedad del cansancio. Parte 2.

 ¿Qué es la sociedad del rendimiento y el cansancio?  

Byung Chul-Han relata la muerte de aquella sociedad disciplinaria que vislumbró el filósofo francés, Michel Foucault. Tras los detalles y circunstancias ya mencionados, se llega a la conclusión de que la disciplina ya no rige a nuestra sociedad. Se ha pasado -  como apunta el coreano – de ser “sujetos de obediencia” a “sujetos de rendimiento”. La sociedad de Foucault en una sociedad negativa, mientras que la ideada por Han se pasa de manera paulatina a una sociedad positiva. Se cambia el verbo no-poder al verbo poder. En este punto cabe destacar el trato que se le hace a la sociedad como concepto. Peter Sloterdijk en su ensayo “El desprecio de las masas: ensayo sobre las luchas culturales en la sociedad moderna”, utiliza la fórmula hegeliana para entender cómo tratar al concepto sociedad:

“Lo que Hegel había presentado como su programa lógico – que la sustancia se desarrolla como sujeto – se revelaba al mismo tiempo como la divisa más poderosa de una época que, a primera vista, todavía parece seguir siendo la nuestra: el desarrollo de la masa como sujeto”.

De esta manera, si tratamos el desarrollo de una sociedad como el desarrollo de un sujeto, podemos entender así al sujeto que la sociedad proyecta. Si seguimos esta premisa veremos qué clase de sujetos produce la sociedad a la que el sujeto pertenece. Han lo describe así:

“A la sociedad disciplinaria la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados”.  

Han da por acabada la sociedad del francés pero entiende la sociedad del rendimiento y cansancio como una prolongación o consecuencia directa de la misma. El sujeto del rendimiento ya no siente obligación ni deber, sino que siente opción y poder. Sigue siendo disciplinado pero el concepto que tiene instaurado no es mediante el castigo. Evoluciona según lo que él cree que es correcto y aquello que le conduce a una realización personal plena para alcanzar así, un nivel de plenitud que le ofrezca la posibilidad del positivismo. Pero es durante el proceso donde lo negativo de este proceso ataca al individuo. La sociedad del rendimiento necesita de esta realización para alcanzar niveles plenos de positividad, mientras que la negatividad estará adherida a cualquier acto que se realice para alcanzarla. Los sujetos de esta sociedad están depresivos durante el proceso y, en caso de no conseguir dicha plenitud, serán unos fracasados. Esto conduce al conformismo y al cansancio hacia lo positivo. Esta visión queda lejos de ser esperanzadora, pero el sujeto lo percibe como parte del proceso sin darse cuenta de la negatividad latente en cada uno de sus actos. Pero esta negatividad no está, como hemos dicho, instaurada por miedo al castigo o a la exclusión social. Forma parte de la diferencia subjetiva. La fragmentación social ha promovido lo subjetivo en pos de lo colectivo. Nadie exige nada al sujeto del rendimiento, sino que es él mismo el que busca la plenitud para lo positivo de aquello que le rodea.

“Al nuevo tipo de hombre, indefenso y desprotegido frente al exceso de positividad, le falta soberanía. El hombre depresivo es aquel Animal Laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es al mismo tiempo, verdugo y víctima (…) El lamento del individuo depresivo, “Nada es posible”, solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que “Nada es imposible”. No poder – poder – más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la auto-gestión. El sujeto del rendimiento es el inválido de esta guerra interiorizada”. 

Han utiliza también la premisa de tratar a la sociedad y su desarrollo de la misma manera que se trataría al sujeto y su desarrollo. No existe entonces una sublimación de la masa sino del sujeto. El sujeto es homónimo a la sociedad. Entonces solo queda la diferencia subjetiva del sujeto que es lo que le mueve dentro de la negatividad social que ofrece el discurso “opción y poder”.
El sujeto es depresivo porque nada le coacciona a buscar lo positivo. Únicamente tiene herramientas como puede ser el trabajo o la pertenencia a algún fragmento social para ayudarse a sí mismo. Pero ambas cosas surgen de la diferencia subjetiva y de cómo las filtra el sujeto dentro de su depresión. En definitiva, el sujeto necesita rendir y producir para poder avanzar hacia el positivismo, y el no lograrlo produce sujetos mediocres, fracasados o conformistas. No existe pues, una meta positiva para la sociedad del rendimiento, al menos en lo que al Animal Laborans concierne. Como veremos más adelante, el aburrimiento total y la contemplación de la vida es lo que en esta sociedad cansada puede hacerlo lograr el alcance de algo positivo o por el contrario abandonar el estado de depresión y miseria. Es decir, el Animal Laborans forma parte de aquellos sujetos no contemplativos que necesitan no estar aburridos y sentirse de provecho en la sociedad estando perpetuamente en activo. El sujeto contemplativo es aquel que bajo su subjetividad diferencial no necesita ni rendir ni producir nada – de carácter material – aunque igualmente será un sujeto cansado aunque de manera distinta. Hemos descrito a la sociedad del rendimiento y el cansancio mediante los sujetos que esta proyecta. Hemos diferenciado entre sujetos contemplativos y sujetos no contemplativos. Nos hemos concentrado en estos últimos ya que – independientemente del fragmento social al que pertenezcan – son los que en su mayoría ocupan y habitan dicha sociedad.

sábado, 30 de enero de 2016

"La sociedad del cansancio" Parte 1.

 Introducción: “La sociedad del cansancio” de Byung Chul Han.  

Esta obra del filósofo coreano aunque de escuela alemana, será el hilo conductor de este pequeño ensayo sobre La sociedad del cansancio. He introducido algunos términos en base a la lectura de este ensayo. Colocaré fragmentos del mismo según las explicaciones que doy sobre el punto redactado, para que así quede claro mi punto de partida y se puedan explicar conceptos que utilizo. También habrá fragmentos de otros filósofos a modo de apoyo a la teoría de Byung Chul-Han y de apoyo hacia mí mismo, y hacia aquellos que lean este pequeño ensayo que expongo. Comenzará el texto con los antecedentes más relevantes a la sociedad del cansancio aunque los considero demasiado importantes como para añadirlos como introducción. Creo que todo va hilado y es consecuencia de. Por eso, acabaré esta introducción diciendo que espero que aquella persona que lo vaya a leer – tanto la obra de Han como este pequeño ensayo –, contemple lo que le rodea con más claridad y ayude a otros a que así sea.  


La eliminación de la otredad y la fragmentación social post-modernista.  


Desde la crisis del lenguaje de comienzos/mediados del siglo XX, el mundo ha experimentado cambios sociales que han hecho que nuestra sociedad se fragmente. La Guerra Fría fue el suceso que provocó la creación de una dualidad en el lenguaje que se utilizaba como arma ante el enemigo; ante lo otro. La otredad – de la que Byung Chul-Han habla – no es más que una respuesta natural a lo extraño. Repelemos lo extraño, que no lo diferente. Y es en este punto de concienciación donde comienza la fragmentación social. La caída del muro de Berlín y su consiguiente caída de la URSS fomentó dicha fragmentación. Con la ausencia de otredad, tras estos hechos no existía enemigo, solo quedaba la diferencia. Y eso no produce hostilidad. Esta táctica de “Ataque y defensa” como la llama Han,  durante la Guerra Fría obligó a la sociedad – tanto por un bando como por otro – a repeler cualquier concepto – por consiguiente persona, como transportadora de conceptos – que fuera extraño a los asimilados como veraces y auténticos.

“Aun cuando el extraño no tenga ninguna intención hostil, incluso cuando de él no parta ningún peligro, será eliminado a causa de su otredad”. Apunta el coreano refiriéndose a este problema.  

Una vez eliminada esa otredad, únicamente queda la diferencia. Y eso no produce rechazo alguno. Al menos de manera objetiva y social. Es entonces cuando entra en escena el post-modernismo y el auge de las nuevas tecnologías. Sin duda alguna, estos dos hechos fueron accediendo cada vez más al ámbito social - hay que puntualizar que en otras escalas, como es el arte, ya se percibió esa fractura de la otredad con anterioridad – y cambiaron la manera de comprender el nuevo mundo que se abría a lo diferente. Es entonces cuando el filósofo francés, Jean François Lyotard, da con la clave. Todas las crisis ideológicas del siglo XX; los problemas lingüísticos; las guerras mundiales y la guerra fría, han conducido a una cosa: la muerte de los grandes relatos, a saber; el relato cristiano, el relato marxista, el relato del iluminismo o del raciocinio y el relato capitalista.
Estas visiones de la historia caen por su carácter y visión teleológica de la misma. Con la muerte de los grandes relatos se llega a la conclusión de que no existe un futuro cierto y unánime para todos, al menos como lo prometen estos relatos. Lo común en los cuatro relatos es que prometen un estado de bienestar social cuando alcancen su objetivo final. Con todo lo anterior citado, estas serían las causas que conducen a la fragmentación social instaurándose un sistema multicultural, (donde premia la diferencia y la autonomía individual) el cual está sobreinformado y explotado laboralmente dando lugar a una sociedad excedida en positivismo.
La fragmentación social es pues, consecuencia de la visión post-modernista junto con la muerte de los grandes relatos teleológicos, los grandes avances tecnológicos que engrosan la incipiente globalización que culminó con la llegada del nuevo milenio y la sobreinformación a causa de dicha globalización. Es entonces cuando la subjetividad coge fuerza y se vuelve a dudar, aunque a título subjetivo, de lo extraño. Comentábamos antes la creencia de haber alcanzado una sociedad positiva y digo que es falso. Byung Chul-Han lo relata así:

“Se ejerce una pequeña auto-violencia para protegerse de una violencia mucho mayor, que sería mortal. La desaparición de la otredad significa que vivimos en un tiempo pobre de negatividad.”

Estas pequeñas voluntades auto-violentas pueden ir desde el consumismo masivo, pasando por la creencia de que el trabajo es la esencia para realizarse como un individuo completo, hasta la permanencia a alguna ideología de carácter dogmático. Así pues, la otredad ha sido sustituida por una diferencia subjetiva. La fragmentación social de la que hablamos es una fragmentación basada en la miseria y en la plenitud positiva que el individuo acoge como formación personal y cultural. El individuo que ya no ve otredad sino diferencia, en un estado de penuria se verá sobreinformado y tratará de absorber/asimilar la diferencia subjetiva que se da en los fragmentos nacientes que florecen en occidente. Buscará la pertenencia a algún grupo diferente para alcanzar un estado positivo y de plenitud. Dicho grupo deberá tener – a vista subjetiva del individuo – algo idéntico. Una identidad en la que la diferencia subjetiva sea distinta a la de otro grupo e idéntica entre sí.

Tras la muerte de los grandes relatos mencionados por Lyotard, la globalización que se ha producido en los últimos treinta años y el compromiso latente en las sociedades  occidentales hacia el mundo laboral, ha llevado a una abundancia de lo idéntico. Como consecuencia de esta explotación de lo idéntico; de esta ilusión de diferencia entre fragmentos, vemos, como se dijo anteriormente, que existe un exceso de positividad. Este exceso engaña al individuo y cree – durante un estado de plenitud – que es feliz gracias a la diferencia de sus actos o de su realización personal. Es decir, el individuo en estado de plenitud acoge lo idéntico de su fragmento y rechaza o expulsa – a modo de anticuerpo – las diferencias con respecto a otros fragmentos sociales.
La inmunología a la que se refiere el filósofo coreano está dada en este punto. La fragmentación ha cambiado nuestro “sistema inmunológico” dando paso a la diferencia en pos de la otredad, teniendo en común todos los fragmentos, un sentido de identidad y plenitud. Esto conduce al exceso de positivismo y a individuos cansados que buscan esa realización personal que finalmente se traduce en una eterna búsqueda por la plenitud y lo positivo, que desemboca en negatividad y miseria. Se busca un estado pleno y positivo mientras se está en un estado negativo y mísero por no llegar a esa plenitud. Al no conseguirlo se llegará al fracaso como persona en la sociedad o al conformismo por llevar una vida mísera y negativa. El baile entre estas dos concesiones es lo que guía a la sociedad del cansancio, la transparencia y el rendimiento.  

sábado, 5 de diciembre de 2015

Sombras (perteneciente a "Lo que no dijo Rimbaud").

El desaliento me ampara en cada fuente. Bebo y bebo pero siempre me traspasan esas cuchillas verdes. Soy un éxito encuadernado en piel y nada más. Los adoquines brillan sombríos sobre el pelo ungido en aceites del pasado. El porvenir ya vendrá pero yo quizá no esté. Por eso me congelo en la orilla del río con dos gigantes que se reflejan en él. No pienso claro sobre las piedras que aparece entre esas aguas. Sospecho de las sonrisas y llego al final de cada canción. Suplico un acorde que no llega porque las cuerdas de esta guitarra fueron quebradas hace mucho. Ya no importa. Cada hueso y miasma de mi ser se congeló el día que más Sol hacía. Tapé el Sol con la mano y todo lo que conlleva. Ahora vivo con la mano pegada a la cara intentando no pisar sombras ajenas.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Comentario sobre "El Poema del Ser" de Parménides de Elea.

Nos encontramos ante un poema que comienza a modo de mito, solo que Parménides - a
diferencia de Homero o de Hesíodo- utiliza el logos. Las imágenes mostradas en el proemio son muy simbólicas. El yo poético se sitúa en un carro tirado por yeguas y guiado por Helíades. Es llevado a la puerta que conduce a los caminos del Día y de la Noche, y es la Justicia la que guarda dicha puerta. Este camino que recorre Parménides – el yo poético – es abundante en signos que equivalen a aquellas cosas que te permiten conocer. Las ruedas del carro se podrían considerar como los oídos, las Helíades que guían el carro como los ojos y las yeguas que lo empujan como el impulso al conocimiento. Una vez cruzada la puerta, una Diosa le enuncia que le va a dar a conocer la Verdad, ya que el camino que ha recorrido y que está a punto de recorrer está “apartado del sendero de los hombres”. Es en este punto donde Parménides pasa de ser el yo poético principal, a hablar y exponer la Verdad de labios de la Diosa mientras el yo poético principal simplemente escucha.

Con todo esto, Parménides comienza a exponer la idea principal del poema: “El ser es y el no ser no es”. El filósofo se basta de una metodología para explicar esta idea que para él es la única vía de la Verdad. Conoceremos este método de manos de la Diosa, la cual también expone –como veremos más adelante- qué características componen al ser y cómo podemos llegar a conocerlo.

(DK 28 B2) 1   Pues bien, te contaré - tú escucha y recuerda mi relato - cuáles son las únicas vías de investigación pensables: la primera, que es y que no es posible no ser, es la vía de la persuasión, pues sigue a la Verdad; 5   la otra, que no es y es necesariamente no ser, éste, te lo aseguro, es un sendero indiscernible; pues no podrías conocer lo no ente (es imposible) ni podrías expresarlo.  

Parménides comienza pues con su planteamiento y a qué vías se refiere. La primer señala que es necesaria la afirmación del Ser, que defiende lo que es que no puede no ser. “La vía de la Persuasión” conduce al conocimiento entre ser, pensar y decir, como indica el verso 41: “Pues lo mismo es pensar y ser”. La otra vía la enumera como contraposición a la única vía verdadera que acabamos de ver.

(DK 28 B 6) 1   Es necesario decir y pensar que lo ente es; pues es el ser, pero la nada no es. Te ordeno que consideres esto. Te aparto, pues, de esta primera vía de investigación, así como de aquélla por la que los mortales que nada saben 5   andan errantes, bicéfalos; pues la incapacidad en su pecho guía el pensamiento vacilante; son arrastrados, como sordos y ciegos, estupefactos, gentes sin juicio, para las que el ser y el no ser son considerados como lo mismo y no lo mismo y el camino de todo marcha en direcciones opuestas.  

Parménides adopta – en palabras de la Diosa – una postura imperiosa. Este lenguaje abunda a lo largo del poema por lo que vemos en esta imperiosidad, parte de la personalidad megalómana del griego. Como indicamos al comienzo, el camino que sigue Parménides está separado del camino de los hombres haciendo referencia a que él –su vía de la Verdad- es el verdadero camino. Nuevamente enuncia esta diferencia señalando una vía errónea para aquellos que consideran al mismo tiempo el Ser y el no Ser. Con esto, el filósofo señala dos cosas. La primera es una fuerte crítica a los pitagóricos, llamándolos bicéfalos o que andan errantes – refiriéndose al mito órfico -. La segunda conlleva la utilización de la lógica y la deducción. Vemos por primera vez el Principio de No Contradicción. Para Parménides pensar es la actividad y el puente por el cual el hombre percibe y dice lo que es, ya que lo que no es no puede ser ni pensado ni nombrado. Acusa a los mortales de dejarse engañar por los sentidos y de no razonar. Dice que “son arrastrados, como sordos y ciegos, estupefactos, gentes sin juicio, para que el ser y el no ser son considerados como lo mismo y no lo mismo…”. En este sentido, Parménides hace referencia a los adjetivos similares que usa Heráclito – sordos y ciegos-  en cuanto a aquellos hombres que no razonan y se dejan llevar por las apariencias. Entonces el concepto pensar para Parménides se puede asemejar a lo que siglos después dictará Descartes, aunque el griego no hace referencia a la actividad de la conciencia frente a la de los sentidos como decía el francés. La consideración de Parménides en este sentido es que – si se me permite el término – su arkhé es el Ser. No hay que considerar qué son las cosas sino que hay que considerar si son. Debemos saber si son o no son  para más tarde saber qué es.

(DK 28 B 8) 1 Un solo discurso como vía queda: es.  

El resultado de todo este planteamiento no es más que uno; no es más que una única vía. La verdad es pues, el Ser; pensar y decir el Ser demuestra que el Ser es. El único camino para conocer lo que es, es el pensar.

Una vez Parménides ha enunciado cuál es la metodología a seguir para conocer el Ser, - y por tanto la verdadera vía de la Verdad – continúa explicando cuáles son las características principales del Ser.   El ser de Parménides es ingénito e imperecedero; imperturbable y perfecto. Nunca ha nacido ni ha muerto, ya que eso sería no ser y el ser siempre es. Parménides no acepta ninguna variación en su planteamiento en cuanto a concepción y forma del Ser. Atribuye al Ser una forma esférica pero no para señalar barreras o límites, sino como concepto de algo perfecto y compacto. El Ser es continuo y es el todo. Siempre lo es. Es inmóvil e inmutable. Este último aspecto es uno de los más discutidos sobre cómo es el Ser. Con estas características citadas, el filósofo niega cualquier intento de movilidad en el Ser. Para esto utiliza la metáfora de las cadenas; “Pero tampoco permitirá la fuerza de la creencia que de lo no ente nazca algo a su lado. Por ello ni que se engendre ni que perezca permite la justicia aflojando las cadenas, sino que las mantiene firmes”.
También se ve en esta parte del poema una crítica a los pitagóricos. Parménides afirma que el Ser es lo uno; que el Ser es todo. No se le puede añadir ni quitar nada, en contraposición con la Tetraktis pitagórica y el paso desde el número hasta las cosas y la fundación del concepto de cosmos.
La última parte del poema y tras la exposición mediante la Diosa, de la vía verdadera de la Verdad y su metodología ; y tras las características del ser, ahora nos muestra “las opiniones de los mortales”.
Como ya hemos visto, el carácter megalómano de Parménides que ha reflejado en la Diosa lleva a este a casi menospreciar el pensamiento de aquellos hombres que son errantes y bicéfalos. Para él, los hombres son incapaces de comprender el Ser. Ponen nombres a las cosas arbitrariamente y conciben al no Ser y al Ser por igual – como vimos antes desechó esto mediante la lógica más estricta y aplicando el Principio de No Contradicción-. Por eso cree que solo son opiniones en el sentido tajante de la palabra. Son opiniones pero no es la verdadera vía de la Verdad. Son palabras y conceptos para designar la realidad ya que comprenden el Ser y el no Ser al mismo tiempo errando pues en la nomenclatura que ellos dan al mundo.
Del poema nos falta el final perteneciente a “las opiniones de los mortales”  pero dejó clara la idea del Ser mediante lo que hemos conservado. Parménides ha sido un antes y un después en la filosofía presocrática y en la filosofía griega en general. Tras él, los filósofos atomistas proporcionarán matices al Ser de Parménides pero siempre tendrán como punto de partida “el Ser es y el no Ser no es”.

A propósito del último verso, queda patente su megalomanía y su concepto didáctico sobre el Ser y los hombres. La Diosa acaba de exponer la Verdad y señala que se la ofrece al yo poético inicial, pero sin duda se refiere al lector, al hombre, al mortal.

Parménides le ofrece toda la Verdad para que deje de Ser un errante o un bicéfalo, aunque – y esto lo sabía bien Parménides sobre los hombres- , no se puede dejar de Ser, porque el no Ser, no es.

Breve valoración personal. 

Si algo hay que me gusta de Parménides es lo tajante que es. Por supuesto, sus explicaciones acerca del Ser y el no Ser son extraordinarias y están esculpidas con mucha pulcritud.
La utilización de la lógica – y por tanto queda fuera el lenguaje común – es impecable. Aunque desgraciadamente es la parte de la que menos conocemos, “las opiniones de los mortales” me parece que podría haber sido un primer acercamiento a la distinción entre lógica y lenguaje – dicha distinción ya se produce aunque muy escuetamente- . Aunque Parménides no habla de un lenguaje lógico, formal y veraz – como el propuesto por Wittgenstein – sí que vemos ciertos paralelismos de carácter lógico. Me refiero sobre todo a la hora de escribir. Parece que entre Parménides y Wittgenstein existe una conexión en cuanto a la hora de escribir se refiere; ambos tenían ese carácter megalómano en su filosofía, y creo que se debe a la utilización de la lógica como principal fuente argumentativa. Salvando la distancia y los siglos, el apartado sobre la nomenclatura que los hombres dan a las cosas y por tanto a la realidad me parece fascinante. Y el cómo mediante el Ser – y en esto sí que se parece a Wittgenstein- coloca un cerco sobre qué cosas podemos hablar y sobre qué cosas no. Sin duda nos quedaremos con las ganas de saber qué más nos tenía que decir Parménides acerca de las opiniones de los mortales.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Nocturna (perteneciente a "Lo que no dijo Rimbaud").

He arrancado muchos papeles, los he arrojado lejos y ninguno me ha sido devuelto.  Papeles que contenían grandes epopeyas sobre algo que yo valoraba y que tan pronto como vino, se fue. Todas las razones encriptadas de cada trazo se adhieren como sucias sanguijuelas en un río vacío. Un río con cada vez menos agua. Pienso en esto casi a todas horas.
Mi mente navega rápida pero mi cuerpo permanece estático. En ocasiones, una vez entra la madrugada por la ventana,  mi mente ha ido tan rápido que se ha vuelto anciana. Piensa con más claridad y nostalgia. Mi cuerpo solo fuma otro cigarro, reproduce esa canción de nuevo o se regodea del descanso. Es mi cuerpo el que arranca los papeles y los arroja lejos. Mi mente ordena que lo haga porque en la noche es vetusta y cree que ha sido suficiente por hoy; que mañana volveremos a nacer con todo lo inevitable del día anterior. Yo quedo fuera de todo esto ya que ambas cosas sufren por mi culpa. Que por mi culpa una muere cada noche y la otra parece no entender la muerte. Luego sueño pesadillas y al despertar, mi cuerpo y mi mente me han castigado. A la mente por matarla la noche anterior y al cuerpo por maltratarlo con placeres inútiles. Por aquel recuerdo que sobraba; por aquel cigarro de más.

Todo esto no me vale de nada porque no soy dueño de los acontecimientos. Todo esto no vale de nada porque soy enamoradizo. Encarno lo peor que una persona puede llegar a ser para sí.
Pero soy enamoradizo. Me enamoro de aquel río rosado; de aquel puente de hierro; de aquella mujer que me hizo feliz; de aquel hombre que escribía aquello de “Bendito el corazón que se puede doblar porque nunca se romperá”. Me enamoro de todo menos de mí.

Por miedo a no querer nada, no me quiero a mí. Tengo miedo a mis ángeles. Tengo miedo a mis cárceles. He amado y me he sentido amado. Sé que me han querido y sé lo que quiero.
Pero de nada sirve si cada noche mi mente se vuelve anciana y nostálgica. De nada sirve si mi cuerpo sufre por la muerte de mi mente. Mi cuerpo es mío. De eso estoy seguro.


Y es por eso por lo que no estoy enamorado ni de una cosa ni de la otra…

domingo, 1 de noviembre de 2015

Dioses y lágrimas (Aquello por lo que llorar) (perteneciente a "Lo que no dijo Rimbaud").

Que los cuidados angostos siembren en la finura de tu esbeltez tal dominio, que las fauces más feroces sean incapaces de hincar el diente. La pobreza del alma precede a la pobreza que engendra dioses. Esos que rigen nuestras vidas incluso cuando dormimos. Aquellos que beben nuestras lágrimas y las vomitan como esputos sobre nuestros rostros.
Ahora que el control de aquellos cuidados que te atormentan la cara ha llegado a su fin; da la bienvenida a un nuevo mundo donde platicar contigo se torne algo irrespetuoso y malicioso.
¡Veremos a ver cuánto tardas en hacer bajar a los dioses a por tus lágrimas! La predisposición es la misma. Pienso que cada palabra es media lágrima o una lágrima dulce.
Llamémoslos pues y que nos dejen secos y marchitos. Porque es eso lo que estás consiguiendo. No vamos a ningún sitio ya que el maldito camino está inundado.

La pobreza del alma precede a la pobreza que engendra dioses.
Y tú has conseguido que los dioses hayan muerto ahogados…