viernes, 8 de noviembre de 2019

Sólo un vistazo.




La barandilla sigue prieta aquí arriba.

No preocupa el viaje al viajero,
en esta atalaya de ramitas, barro y saliva que he ido coleccionando.
A punto de caer, la trinidad arriba eclosiona,
esas ninfas y angelitos se dejaron caer para sostenerme.

Poco puedo volar, las alas las perdí
cuando salió el sol una mañana y se hicieron de piedra.
Fue cuando salté. 
Ahora camino pesadamente; las alas tocaron antes el suelo que mi cuerpo.

Ríos que ha hecho suyos... solo por si acaso.
Seguí la piedra dando marcha atrás
con el dedo ennegrecido tras ocho intentos, y no prendía.
Esta rama está muy húmeda y la dicha es humedal.
La tinta que se derrocha y que cambia de mano en mano. 
De boca en boca.


domingo, 22 de septiembre de 2019

La espuma de las noches.

Tantos momentos digeridos y yo sin saber…
Sin saber gran cosa sobre casi nada.
Me gustaría saber cosas sobre ti… que quizá
ya conozca y sólo me lo reconozco.
Como un puzzle a trozos, en diferido, con matices olvidados
e imperios de los que ni los turistas, que soy yo, montado en
un caballo paseando por la ciudad, quieren recordar en los mapas
actualizados.
Me gustaría saber qué fue de mis libros. Qué de mis besos secretos bajo las rocas,
me gustaría saber…
Pero no lo sé. Y quizá nunca lo sepa. A lo mejor será mañana, el día en el que todo explotará en cosmogonías complejas.
Los recuerdos de lencería fina, de televisores rotos por el agua…
Me gustaría saber tantas cosas, que sólo el deseo lo agota todo.
Me gustaría conocer los entresijos de las puertas del alma para saludarla
y darle vida por otros medios.
Quizá una despedida a tiempo…
Pero no puedo, nada de esto se me permite.
Acaso en un folio…
Siempre la nostalgia del mañana por la tarde, al caer el sol.
Me gustaría saber… Tantas cosas…

Frío


El viaje desaparece, cada paso en falso.
Romántico como Cadalso bajo el frío que acontece.

Si por mi sangre corre hielo,
si al fin mis rodillas tocasen el suelo,
vería la fina capa que rodea tus huesos.

Y te adormeces. Meciendo tus estalactitas
para darme muerte, pero yo pienso en mi suerte.

Quizá perdí el norte por esta brújula marchita;
esta válvula que palpita y me hace creer en duendes.

El frío desaparece cuando viajo por sus melenas.
De esas que leo, que me hacen escribir espantos.

Esperpento de aquel valle del que no me acuerdo.
Cuando me ato cuerdas al momento.
El viaje desaparece… Desapareciendo.

Ícaro.


Entra ahí, sálvate, que yo no puedo.
Veremos ocasos nacer fulminantes.
También seremos trofeos bonitos.
Sigue el callejón, patea botellas vacías.
Siente, que es gratis.
Sublima la travesía si duele. Siéntate y habla.
Dime, ¿llegarás tan lejos como él?
¿Te quemaste o te caíste?

Rima Disonante: Perdición


En el corazón
un avión protagonista que sube
pero no avisa, a no ser
que tengas la razón.

La canción no llega para premisa,
de la cornisa, de esas que nunca tuve.
Ni tendré.
Por eso del ayer y del amor al mejor postor.

La perdición,
un corazón suave que de suave se consume,
pero no como él sabe sino por la emigración
de sonajeros que enteros suenan por donde anduve.

¿Quién sabe la ocasión en que la reprimenda al corazón,
se sostenga por esas cuerdas de la razón cuerda
pero que para morir, sostiene y mantiene a la sangre
que la sustenta? Sin más, ¿quién es el traidor?
¿Y por qué el olor de la muerte sabe a menta?

jueves, 22 de agosto de 2019

Piel sombra.

Tu piel sombra se esconde
bajo farolillos de aceite, y no la encuentro.
Decías que no sangrabas pero
oh dios, lo estás haciendo. Sé que es mentira
pero 
la poesía es fe, de algún tipo y nomenclatura,
prohibida como delito.
Bolsas rotas de letras menguantes por el suelo,
versos míos pero tuyos, vieja fórmula,
como las piedras en tus bolsillos.

lunes, 19 de agosto de 2019

Una lamparita encendida.

Me he acostumbrado a las cigarras
en verano y a la llovizna cuando el frío.
Puedo narrar las hileras de arbustos, los bancos,
las fuentes que han resonado
bajo la cúpula del parquecito debajo de casa.
Y la imaginación vuela,
y los colores cambian,
la imagen pasa por el aro del tiempo.
Un correr de persianas,
mirando fachadas grises
un ruido recorre el vacío
hasta la grava, para perderse en mi bolígrafo.
¿Recuerdas llegar a casa, ser valientes y dormir después?
Sin despertares hasta por la mañana.

Miro las ventanas aleatorias
de bloques alejados,
por si apareces en alguna con luz violeta
o con el destello de algún neón cercano,
chocando contra el cristal abierto,
allí donde tu nariz descansa.