domingo, 17 de mayo de 2020

Aún vive aquí dentro.



by:Andrea Galvani

Hay que tener cuidado con esas bases de columnas
escupiendo niebla densa sobre la cama, el circo.
Tallando lencería fina para pocos extractos de pesos ya lejanos.
Dejo por dejar algo y que pese, choque a reventar. Habladurías cercanas al alba;
otra vez las farolas,
guarniciones extrañas coincidentes con mis lágrimas,
dispuestas siempre en lo alto de las columnas,
la niebla, hogar reminiscente de cenizas que ensucian la colcha.

Queda esto; otra vez el poeta de pacotilla que no se resiste a su paloma.
Disparé las sinestesias en la puerta de los dedos, rozando el quicio de las uñas, que podridas se desprenden de la columna, la cama, las sábanas.
Mordisqueé con afán de sacarme el trozo de saliva que se quedó ahí al besarte.

Con el paso de los párrafos llegan los besos pequeñitos, la salita,
la frentita, los labios menudos, la pierna encogida, el ombligo como retraído, pausando porque hay que hacerlo y esos quehaceres del pequeño mundo hay que guardarlos.

Se disiparon las columnas, por fin, la niebla era fuego;
las farolas,
esas que dieron paso a una luna transparente, hacia el Sol inevitable, las vidas invisibles siempre latentes.

Tú no estás, te fuiste, entraste, amé a otras sin problemas, arrancaste el invierno,
jugué con las sinestesias, como dije, y perdí,
ahora a reírse del poeta que te escribe.

jueves, 14 de noviembre de 2019

No hay últimas promesas.

El juego de las promesas y sus mentiras, una valentía tras palabras dichas a quién, no lo sé.
Yo no prometo mucho, lo justo para que me quieran.
He prometido, pero nunca en vano, siempre considerando que la mentira era mía.
Me duele saber que se me ha querido, y no poder corresponderlo en el tiempo, porque este es así, hacia delante imperturbable y casi siempre doloroso. He escrito que me gustaría saber muchas cosas que creo que sé, pero nadie me las confirma.
Y sí, la vida es dura y cosas así, pero me resisto a pensar que alguien deja de querer porque el tiempo es así, hacia delante, inexorablemente cansino.

A veces la música que suena es muy mala para mí cabeza. Un día intenté ponerla en radio La Barandilla, con dedicatoria a esta persona, pero no aceptaban bromas, y te tenían por la otra línea. Menos mal que lo cogieron.

Siento ser así de difícil, pero el tren y la estación se han quedado ahí, como pequeñas luces en el horizonte, mientras camino entre las viñas sin saber bien a dónde ir.
Miro hacia atrás pero ya queda lejos la estación y hay luces por delante, y gritos de una mujer que me llama, pero no sé qué pide, por eso tengo miedo.


viernes, 8 de noviembre de 2019

Sólo un vistazo.




La barandilla sigue prieta aquí arriba.

No preocupa el viaje al viajero,
en esta atalaya de ramitas, barro y saliva que he ido coleccionando.
A punto de caer, la trinidad arriba eclosiona,
esas ninfas y angelitos se dejaron caer para sostenerme.

Poco puedo volar, las alas las perdí
cuando salió el sol una mañana y se hicieron de piedra.
Fue cuando salté. 
Ahora camino pesadamente; las alas tocaron antes el suelo que mi cuerpo.

Ríos que ha hecho suyos... solo por si acaso.
Seguí la piedra dando marcha atrás
con el dedo ennegrecido tras ocho intentos, y no prendía.
Esta rama está muy húmeda y la dicha es humedal.
La tinta que se derrocha y que cambia de mano en mano. 
De boca en boca.


domingo, 22 de septiembre de 2019

La espuma de las noches.

Tantos momentos digeridos y yo sin saber…
Sin saber gran cosa sobre casi nada.
Me gustaría saber cosas sobre ti… que quizá
ya conozca y sólo me lo reconozco.
Como un puzzle a trozos, en diferido, con matices olvidados
e imperios de los que ni los turistas, que soy yo, montado en
un caballo paseando por la ciudad, quieren recordar en los mapas
actualizados.
Me gustaría saber qué fue de mis libros. Qué de mis besos secretos bajo las rocas,
me gustaría saber…
Pero no lo sé. Y quizá nunca lo sepa. A lo mejor será mañana, el día en el que todo explotará en cosmogonías complejas.
Los recuerdos de lencería fina, de televisores rotos por el agua…
Me gustaría saber tantas cosas, que sólo el deseo lo agota todo.
Me gustaría conocer los entresijos de las puertas del alma para saludarla
y darle vida por otros medios.
Quizá una despedida a tiempo…
Pero no puedo, nada de esto se me permite.
Acaso en un folio…
Siempre la nostalgia del mañana por la tarde, al caer el sol.
Me gustaría saber… Tantas cosas…

Frío


El viaje desaparece, cada paso en falso.
Romántico como Cadalso bajo el frío que acontece.

Si por mi sangre corre hielo,
si al fin mis rodillas tocasen el suelo,
vería la fina capa que rodea tus huesos.

Y te adormeces. Meciendo tus estalactitas
para darme muerte, pero yo pienso en mi suerte.

Quizá perdí el norte por esta brújula marchita;
esta válvula que palpita y me hace creer en duendes.

El frío desaparece cuando viajo por sus melenas.
De esas que leo, que me hacen escribir espantos.

Esperpento de aquel valle del que no me acuerdo.
Cuando me ato cuerdas al momento.
El viaje desaparece… Desapareciendo.

Ícaro.


Entra ahí, sálvate, que yo no puedo.
Veremos ocasos nacer fulminantes.
También seremos trofeos bonitos.
Sigue el callejón, patea botellas vacías.
Siente, que es gratis.
Sublima la travesía si duele. Siéntate y habla.
Dime, ¿llegarás tan lejos como él?
¿Te quemaste o te caíste?

Rima Disonante: Perdición


En el corazón
un avión protagonista que sube
pero no avisa, a no ser
que tengas la razón.

La canción no llega para premisa,
de la cornisa, de esas que nunca tuve.
Ni tendré.
Por eso del ayer y del amor al mejor postor.

La perdición,
un corazón suave que de suave se consume,
pero no como él sabe sino por la emigración
de sonajeros que enteros suenan por donde anduve.

¿Quién sabe la ocasión en que la reprimenda al corazón,
se sostenga por esas cuerdas de la razón cuerda
pero que para morir, sostiene y mantiene a la sangre
que la sustenta? Sin más, ¿quién es el traidor?
¿Y por qué el olor de la muerte sabe a menta?